La ciencia también es para las mujeres: Matilde Montoya, 1era mujer médica de México.

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El día de hoy y a punto de conmemorar un aniversario luctuoso más de la doctora Matilde Montoya,  platicaremos un poco sobre toda la serie de obstáculos que tuvo que pasar para llegar a ser la 1era médica de México.

Y cuando hablo de obstáculos, lo digo en serio, ya que sus tiempos eran regidos por pensamientos que denostaban a la inteligencia femenina para poder acceder a las profesiones propias del sexo fuerte tales como la medicina o la abogacía.

Estudió para partera y ejerció en el estado de Morelos con bastante éxito, hasta que sufrió una campaña que la tachaba de protestante, esa campaña fue ejecutada por sus colegas masculinos y secundada por algunas damas muy conservadoras, quienes no aceptaban que Matilde tuviera tanta clientela.

Se argumentaba que la educación de la mujer no debía ser muy avanzada con respecto a la del hombre ya que ser intelectualmente superior a su compañero sería: “muy poco a propósito para su posición de compañera sumisa y muy inadecuada para conservar la paz doméstica”.

El prolífico historiador Jesús Galindo y Villa (positivista porfiriano) sostenía que: “Al dedicarse a las profesiones científicas… las mujeres sacrificaban el pudor y la delicadeza de las costumbres. Si acaso pudiera aceptarse que las mujeres realizaran una actividad profesional, sería para evitar la prostitución y sólo durante el celibato.” 

No faltaban las advertencias de que todas aquellas mujeres  que quisieran convertirse en profesionistas se quedarían solteras y pues Matilde, nunca se casó ni tuvo hijos.

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Pero adoptó a cuatro, una era concertista y se perdió en los campos de concentración nazis durante la segunda guerra mundial.

Otro de sus hijos adoptivos fue médico y radicaba en Puebla, Matilde vivía con él… pero al parecer no gozaba de las mejores condiciones en cuanto a cuidados y atención. Así lo mencionan las personas que fueron por ella para traerla a un homenaje que le hicieron  aquí en la ciudad de México.

Que terrible es la ingratitud, y aunque la misma se da en los hijos de sangre, ¡no menos dolorosa es la de aquellos que tuvieron la dicha de ser acogidos por una persona que no compartía su sangre, caray!

Pero bueno, demos paso a la cápsula que nos preparó la Juanis sobre este tema… asumo totalmente el pulso de maraquero que me cargo durante los paneos con el chunche este quesque “esmarfon” …

 

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