Expedición Punitiva (3era de las que salgan)

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Muy “güen” día tengan sus mercedes… el día de hoy continuaremos platicando algunas historias de lo acontecido durante la expedición punitiva de 1916-1917.

En ésta ocasión les traigo al caso, lo acontecido allá en Parral, Chihuahua… y es que una señorita oriunda de ese lugar, Elisa Griensen, no se quedó cruzada de brazos viendo como entraban los contingentes de caballería a su pueblito.

De acuerdo a lo que nos cuenta Don Isidro Favela en su Historia Diplomática de la Revolución Mexicana (1912-1917) Tomo II Cap 7 Historia diplomática Parral Isidro Fabela resulta que el mayor Tompkins, quien iba a cargo del contingente al cual estamos haciendo referencia, encontró en su camino rumbo a Parral, a un soldado constitucionalista, un tal Lozano, quien de acuerdo a palabras de Tompkins, le indico que llegará a ésta población y que ahí sería abastecido de los requerimientos que tenía su tropa.

¡Por supuesto que Lozano no había cometido semejante barbaridad!

Llegando,  el general Herrera, quien estaba a cargo de la plaza de Parral, le pidió que se retirará, y ante la pachorrudez de los gringos… pos el pueblo mismo, hizo que apuraran el paso.

Por supuesto que no quedaron conformes los güeritos con esta salida tan poco honrosa, así que pidieron apalabrarse con el general de la plaza, el general Herrera, para que les permitiera poner un sitio de abastecimiento en Santa Cruz de Villegas.

A lo cual, y tras conferenciar Herrera con el Primer Jefe Constitucionalista, se les negó esa posibilidad y muy al contrario, se les “exhortó” a que agarraran camino de regreso a sus casas.

No les quedó de otra que agarrar sus chivas e irse pal norte… donde más tarde se encontrarían con Pershing… a quien por supuesto esta ignominiosa derrota no le hizo ninguna gracia.

Pero dejemos que la Juanis nos comparta la cápsula que preparó para el día de hoy.

 

Eso es todo “maifrens” nos vemos la próxima semana.

Les comparto la liga al documento del señor Friederich Katz referente al ataque de Villa a Columbus… espero lo disfruten… (está en inglés, si alguien lo quiere traducir o tiene una liga al documento en español, pos haga patria y compártalo, va?

http://www.latinamericanstudies.org/mexican-revolution/AHR-2-1978.pdf

http://erecursos.uacj.mx/bitstream/handle/20.500.11961/1626/fragua%20686.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

 

 

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El día de hoy platicaremos sobre una de las batallas que fue determinante, para que se perfilara el final de la Expedición Punitiva.

La Batalla del Carrizal, se dio por allá en junio de 1917 y fue a consecuencia de que el general Venustiano barbas de chivo Carranza le puso un alto a los ejércitos de W. Wilson.

Woodrow Wilson, presidente de USA había proclamado que no tenía intenciones de retirar a sus ejércitos de México.

La consigna era “clara”: encontrar vivo o muerto a Pancho Villa.

Carranza mandó un comunicado a John Joseph  Pershing, donde le informaba que sus tropas no podían seguir avanzando.

Pershing arguyó que no había recibido información de su gobierno al respecto, y que pos él definiría pa´donde iban sus tropas.

Fue una batalla pequeña, no duró mucho tiempo.

Pero fue un claro mensaje del gobierno mexicano, de que ya no estaba de acuerdo con la presencia de fuerzas extranjeras en el territorio.

¡Ya habían pasado tres meses y nada que daban con Villa! además de que la población ya se le estaba alebrestando ante su inacción.

Pero pos aquí les dejó la cápsula que hizo la Juanis y espero que aguanten sus berridos… porque estaba necia de que quería cantar…

<levanta la vista al cielo buscando consuelo>

Pos eso es todo “maifrens” aquí les dejo unas ligas, por si quieren echarse un rato de lectura… “sillusun”

http://www.fte-energia.org/pdf/e205-19-20.pdf

https://www.lahaine.org/mundo.php/la-expedicion-punitiva

https://www.univision.com/noticias/politica/en-fotos-la-ultima-vez-que-estados-unidos-envio-tropas-a-mexico-fotos

 

 

 

La paz porfiriana (1era de 2 partes)

La paz porfiriana (1era de 2 partes)

Teresa Urrea (La Santa de Cabora) y la represión en Tomochic

@JuanaGallo1910

La historia que hoy compartiré con ustedes, tuvo lugar en los pueblitos de Cabora SON y Tomochic CHIH (248 hab., y 2,404 hab., poblaciones actuales respectivamente) si ahora son pequeñas, en esos tiempos ¿pos que les digo? ¡lo eran más y con mucho!

Para fines del siglo XIX (1891) Tomochic contaba con una población de 300 habitantes apenas.

Existía una triada que mantenía asolados todos los rincones de nuestro país y era la conformada por: la iglesia, los hacendados y el gobierno. Como podrán ver, no teníamos mucho rango pa´ donde movernos, si no recibíamos abuso por parte de unos era por parte de otros y cuando no, había alianzas entre ellos pa´ cercarnos los caminos.

Contra estás figuras representativas del poder, era que nosotros nos rebelábamos…, pero ante cualquier levantamiento, no tardaban en llegar las fuerzas militares del gobierno para sofocarnos, acusándonos, en el mejor de los casos, de revoltosos.

Normalmente, estas situaciones se manejaban como conflictos locales, difícilmente nos enterábamos de lo que ocurría en otras partes del país, la paz no era lo que reinaba en México; eran el terror y la muerte.

Se dice que durante un banquete, el diputado Alfredo Chavero comentó: “el general Díaz ha formado un pedestal de sangre y cañones para levantar sobre el, la estatua de la paz.”

Y no estaba lejos de la realidad, podemos decir que de todos los crímenes del porfirismo, los cometidos contra los pueblos de la sierra de Chihuahua: Tomochic y Temosáchic fueron, al parecer los más monstruosos. Ni en Río Blanco se inmolaron más víctimas al dios de la paz, ni se usaron métodos tan inhumanos y sádicos como en estos dos pueblos serranos.

Aparte el heroísmo de los hombres de Tomochic, que parece una lección extraída de las mejores páginas de la historia de Esparta, interviene en este caso un hecho insólito: el de que la inspiradora de la lucha y de la resistencia contra la agresión haya sido una jovencita de apenas 18 años, Teresa Urrea, con cuyo nombre en los labios fueron al sacrificio los rudos serranos tomochitecos.

Al grito de “¡Viva Teresa Urrea!” los valientes tomochitecos se enfrentaron a las fuerzas federales.

José Guadalupe Posada, publicado en el Gil Blas, 1892.

Imagen tomada del libro: José Guadalupe Posada. Ilustrador de la vida mexicana,

México, Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, CONACULTA, 1992, p. 317.

Teresita Urrea, oriunda de Ocoroni SIN., nació un 15 de octubre de 1873 y para no hacerles la historia muy larga solo les comentaré que a la edad de 12 años comenzó a enfermar de lo que se conocía como ataques catalépticos, en uno de dichos ataques la niña se dio por muerta, todos la vimos tiesesita, tiesesita y con un “sincolor” propio de los difuntitos.

Por eso cuando la vimos caminando nuevamente, ¡”pos” no podíamos dudar de que estábamos presenciando un milagro!

Notamos un cambio en su mirada y comenzaron a pasar cosas extrañas, a todos los que íbamos a su casa nos entraba una paz inexplicable, salíamos fortalecidos y animosos, con una gran confianza de que encontraríamos solución a cualquier problema que tuviéramos.

Y ya no se diga de que muchos de los que iban; llegaban buscando cura para sus dolencias, y estos se curaban cuando ella ponía sus manos sobre ellos, era cosa de no creerse, vaya que en esos tiempos pasaron cosas extraordinarias.

Al poco tiempo su fama trascendió los límites del pueblo y no tardaron en llegar personas de otros lugares.

La niña Teresita, además de brindar consuelo y cura a los que la visitaban, resultó que no nomás se dedicaba a las cosas propias de los santos…, ¡no!… a la niña le dio por predicar “doctrinas muy libres” las llamaban algunos; solía afirmar que “todos los actos del gobierno y del clero eran malos” ¡háganme ustedes favor! y “aluego” con las condiciones que prevalecían en el país, ¡pos era como tirar un fósforo en un tambo de kerosene!

Para realizar el viaje de Tomochic a Cabora, había que cruzar la Sierra Madre Occidental, lo cual se complicaba debido a la orografía del lugar:

La gente de Tomochic era gente hacendosa y profundamente religiosa.

Además del pequeño ganado que poseían y la siembra de sus parcelitas, tenían que completar sus dietas mediante el arte de la cacería de la fauna que habitaba cerca de sus poblados, dicha práctica los hacía excelentes tiradores. Esas habilidades les darían muchas victorias sobre las huestes porfiristas en diversas ocasiones.

Los pretextos para atacar a los pobladores de Tomochic no faltaban, pero de fondo, era su espíritu indómito e indoblegable ante las injusticias de las cuales los querían hacer presa, lo que provocaba al gobierno para incursionar con las armas.

Ante las ofensivas por parte de los federales, los hombres de Tomochic salieron rumbo a Cabora para pedir consejo y bendiciones de la santa; en el camino fueron atacados en dos ocasiones por los federales y en ambas ocasiones los soldados de Don Bigotes, fueron repelidos.

En esta visita, Teresita curo a un hombre de un tumor y mencionó que este hombre se parecía a San José, ¡nombre, no lo hubiera dicho!, a partir de estas palabras, a Tomochic llego la información toda deformada por la fanaticada y se decía que la Santa de Cabora había dicho que esta persona era el mismísimo San José, así que esto provocó que los pobladores de Tomochic desconocieran a partir de ese momento toda autoridad eclesiástica y gubernamental.

“Pos” ya teniendo a San José encarnado, no tardaron en aparecer otros miembros de la corte celestial (por un lugar apareció un Jesucristo y dos santas más: Carmen Ma y Barbarita) aquello era una efervescencia de misticismo. Además, la santa de Cabora estaba facultada para administrar cualquier sacramento, ¿para que querían curitas ambiciosos y explotadores como los que habían llegado? Así que los habitantes de Tomochic ni tardos ni perezosos los pusieron fuera del pueblo.

El gobierno no era ajeno a todo ello, por lo cual trataron de “negociar” con los tomichtecos, considerando que “negociar” en términos tuxtepecanos significaba rendición incondicional incluyendo aceptar se aplicará a la población la ley fuga, la leva, la deportación o la esclavitud. Los tomichtecos se pronunciaron en forma unánime: antes morir que rendirse.

El gobierno mando una primera remesa: 200 soldados para someter al pueblo rebelde. Recordemos que la población total de Tomochic era de 300 personas (hombres, mujeres, niños y ancianos). Aún así los tomichtecos lograron vencerlos gracias a su excelente puntería y el conocimiento preciso que tenían de sus territorios.

El gobierno estaba dispuesto a dar un castigo ejemplar en esa zona para hacer desistir otros movimientos que ya se estaban gestando en otras partes de la república.

Uno de los generales propuso expulsar a Teresa de Cabora para dispersar ese lugar como centro místico de la población, ¡nombre! pos eso nomás agravó la ya de por si difícil situación. Viendo que otros pueblos se levantaban, fue que decidieron exiliar a la santa rumbo a USA, esa jovencita de aspecto inofensivo, tenía en jaque a todo el aparato gubernamental de Porfirio Díaz.

Los hechos de Tomochic eran divulgados apenitas por la prensa, la cual los hacia ver como una comunidad de locos fanáticos. Locos fanáticos que ha falta de líderes que los condujeran a la libertad y a la reivindicación de sus derechos, tomaron a la Santa de Cabora como emblema de lucha por su más que justificada causa.

En la segunda parte, veremos como es que se dieron los hechos del ataque a esta población y como fue la resistencia de estos valientes.

¡ Gracias y hasta la próxima!

La paz porfiriana (2da y última)

La paz porfiriana (2da y última)

Teresa Urrea (La Santa de Cabora) y la represión en Tomochic

@JuanaGallo1910

En la entrega anterior vimos como la imagen de la Santa de Cabora influyó en forma determinante sobre los acontecimientos que se suscitaron en el poblado de Tomochic, en esta entrega les compartiré la lucha que libraron estos valientes pobladores de esta localidad.

20 oct 1892 inicia el combate.

Por parte de las fuerzas federales iban: 5 batallones, 150 guardias nacionales de Sonora y un cuerpo de voluntarios, en total 1,500 hombres bien armados.

Por parte de los pobladores de Tomochic: 105 hombres de los cuales 40 salieron con instrucciones secretas de su líder Cruz Chávez, quedando en el pueblo 65 a la espera de los 1,500 federales, a una razón de 23 federales por cada tomichteco, ¿bien pareja la cosa, verdad?

Para Tomochic ya no había alternativas, la rendición equivalía a la muerte o lo que era peor; la esclavitud. Decidieron entonces morir, pro cobrando un precio muy alto por sus vidas.

Los federales fueron hostigando al pueblo con artillería, atacaron los lugares donde se aprovisionaban los alimentos, decidieron ir quemando casa por casa, de la periferia hacia el centro, eso hacia que las mujeres y los niños fueran a refugiarse a la iglesia. Los soldados iban saqueando las casas de lo que encontraban aprovechable, principalmente gallinas y cerdos. Sin embargo los hombres de Tomochic, siguieron dando batalla a los soldados en forma estoica.


José Guadalupe Posadas

Los acontecimientos de Tomochic (1892)

Durante los primeros días, los federales fueron duramente repelidos por los tomichtecos, cuando el combate ya llevaba cinco días, solo quedaban en pie la casa del líder Cruz Chávez y la iglesia. Las soldaderas de los federales eran las encargadas de ir por agua para las tropas, y aunque tenían que cruzar por donde podían ser muertas por los tomichtecos, estos nunca les tiraron una bala, ante todo eran unos caballeros; otro acto de caballerosidad de los defensores de Tomochic, fue el liberar a los prisioneros de guerra que tenían capturados, Cuando Cruz Chávez vio como se estaban dando las cosas decidió liberarlos para que no fueran incendiados, ellos no tenían porque participar del sacrificio colectivo del pueblo.

El 11º batallón de los federales, fue el encargado de entrar a incendiar la iglesia donde se refugiaban los niños, los ancianos y las mujeres que hasta ese momento habían sobrevivido. Estos soldados tuvieron que cruzar a través de las balas de los tomichtecos o afrontar las balas de sus compañeros si retrocedían, muchos no llegaron hasta la iglesia.

Finalmente los que lograron llegar a la iglesia, procedieron a quemarla, aquello se convirtió en un infierno, gente que se tiraba desde lo alto de la torre en un acto de desesperación o que al salir huyendo de las llamas eran cazados por soldados apostados a corta distancia, los menos lograron llegar a la casa de Cruz Chávez, su último reducto.

El general Rangel volvió a exigir la rendición incondicional y como respuesta tuvo:

  • ¡No nos rendimos! ¡Viva la Santa de Cabora! ¡ Viva Santa María Tomochic! ¡Viva la libertad!

Lo único que se pidió, es que dejaran salir a las familias de quienes habían muerto ya en la lucha: 40 mujeres y 71 niños. Los demás se quedaron a seguir peleando al lado de estos valientes hombres.

Ya habían pasado ocho días de hambre, vigilia y terror.

El último día de esta batalla es impresionantemente descrito en el libro “Tomochic” de Heriberto Frías.

Las casas incendiadas refulgían en la noche, los perros aullando a los lados de los cadáveres de sus amos espantando a los cerdos para que no se comieran los cuerpos de los mismos, aquello resultaba una escena sustraída de “La Divina Comedia”.

Ya solo quedaban once hombres junto a Cruz Chávez quienes se lanzaron en un último y feroz ataque contra los federales, fueron recibidos por las balas del gobierno de Porfirio Díaz, dando como resultado cuatro muertos y siete heridos.

Cruz Chávez se encontraba entre los heridos y dirigiéndose al general Lorenzo Torres le dijo:

-Tengo mucho gusto en conocerlo, solo lamento no haberlo hecho antes –

Chavéz pidión un trago y que lo fusilaran ahí mismo, en el sitio donde también había caído su hermano menor, quien aún con seis balas en el pecho tuvo la fuerza aún de clavar un puñal a uno de los enemigos.

Los sietes heridos fueron rematados ahí mismo, yendo en contra de las leyes de guerra y del honor que deben prevalecer en los cuerpos militares. Los que aún pudieron hablar, murieron invocando el nombre de Teresa Urrea.

El saldo final fue de 150 tomichtecos muertos (65 guerrilleros y 85 civiles), contra 600 muertos federales en esa batalla, cuatro federales por cada tomichteco asesinado.

Los sobrevivientes fueron conducidos a ciudad Guerrero, donde entraron a tambor batiente el 3 de noviembre de 1892, era una “gloriosa victoria” tuxtepecana.

El general Rosendo Márquez terminaba así su parte oficial a la Secretaría de Guerra: “En vista del enérgico castigo sufrido por los fanáticos de Tomochic, creo que será difícil una nueva revolución, pues los pueblos y la gente laboriosa de las rancherías han quedado agradecidos de la eficacia con que el supremos gobierno nacional ha protegido sus vidas e intereses. Libertad y Constitución. Cuartel General en Ciudad Guerrero, Chih., el 15 de noviembre de 1892. Gral en jefe de la 2ª Zona Militar, Rosendo Márquez”.

En el Diario del Hogar del 20 de diciembre de 1892 se podía leer: “Sabemos cuál fue el origen de esa desastrosa revolución: no fue el fanatismo, como se dijo, sino la propia defensa de sus vidas amenazadas, de su honra y de sus intereses atropellados por graves violaciones”

El agradecimiento del pueblo ante este “ejemplar castigo” al pueblo de Tomochic pronto habría de tener respuesta, los 40 tomichtecos que salieron del pueblo por órdenes de Cruz Chávez retomarían la lucha en Temosáchic, pero esa es otra historia.

Los sucesos acontecidos en este pueblo fueron llevados a la literatura, bajo la pluma de Heriberto Frías, quien desacató la orden de no revelar bajo pena de muerte, las acciones de campaña de dicha gesta. Heriberto Frías participo de los hechos como teniente así que su testimonio es de primera mano.

Les dejo una liga para que puedan leer este libro, bajo la premisa de que se utiliza con fines meramente de divulgación y sin intereses comerciales:

http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/literatura/tomochic/caratula.html

Y esto es todo por el día de hoy, agradezco su atención a la presente colaboración.

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